miércoles, 2 de noviembre de 2011

Leer para escribir: Melville

Trabajo inspirado en "Bartleby the Scrivener: A Story of Wall Street" de Herman Melville
(una escena fuera del cuento que tiene al abogado como protagonista)

"No, no se me escapa ese detalle, Clotilde."
El abogado y su esposa Clotilde están sentados en el comedor de su departamento en el barrio de Gramercy de Manhattan. El abogado preside la mesa de caoba y su señora se sienta derechita a su lado sin apoyarse en el respaldo del asiento. Clotilde mira seriamente a su marido.
“Sólo quiero saber si lo has pensado bien. Llevas años en este despacho y no entiendo porqué debes irte apresuradamente, y a uno más pequeño que no mira hacia el norte.”
“Los despachos en Wall Street son todos iguales. No es una asunto de tanta importancia,” dice el abogado mientras toma una minúscula cucharita de plata y se sirve sal de un platito del tamaño de una moneda.
“Me gusta mucho este nuevo salero que nos ha regalado Juan Jacobo Astor.”
Clotilde mira mientras su esposo se esmera en servirse una medida prudente de sal en la cuharita de plata y la esparce parsimoniosamente en forma pareja por el muslo de pato.
“Se llama un ‘salt dish’. Lo usan mucho los ingleses.” Dice Clotilde un poco más sonriente ahora. “Y la cucharita es una delicia. Lo que sí no hay que servirse de prisa para no cometer excesos con la sal. Digamos que este regalo hace honor a tu primera virtud querido.”
El abogado deja su pato y la mira.
“¿No dice el Sr Astor que la prudencia es tu primera virtud?”
“Justamente” arranca el abogado con nuevos bríos. “Justamente es esa prudencia que me ha permitido no dar nunca el mal paso. He aconsejado a cada cliente lo justo pero sin salir de la línea. Lo mío no son las operaciones estrafalarias, ni los juicios grandilocuentes. Lo mio es lo seguro. He lidiado con sus hipotecas y sus títulos de crédito con la mayor cautela, cuidando las formas. He manejado asuntos delicados con el mayor tacto. “
El abogado levanta la copa de cristal y bebe un sorbo de un honesto cabernet.
“Lo sé querido. Y es por eso que no entiendo esta mudanza precipitada. Me parece que debe haber otra manera de lidiar con este…. Con este problema.”
“Lo he pensado mucho Clotilde. Normalmente cuando me encuentro en una disyuntiva, luego de una pausada reflexión, doy en la tecla. Analizo lo moral, desde ya quiero hacer lo correcto, y también pongo lo profesional en la balanza. Debo ser un empleador justo, un profesional cauto y un hombre de bien. Siempre hay una solución. Pero con este asunto de Bartleby… Bartleby ha sido un desafío para mí.”
“Le has hablado? Seguramente podrá entrar en razón.”
El abogado pone los cubiertos de plata con delicadeza sobre el plato. Levanta la servilleta blanca y se roza los labios.
Clotilde, Bartleby es una de esas personas de quienes nada es indagable. Solo me contesta ‘Preferiría no hacerlo.’”
“Esta loco”, dice la señora del abogado levantando la campanita de plata para llamar a la criada. “Vive como un vagabundo en tu oficina y no le dices nada. Y ahora te mudas y lo dejas ahí como si fuera él el amo y señor del bufete…”
“No lo conoces a Bartleby” dice el abogado cortando el argumento de su esposa. “Bartleby simplemente no esta dispesto a ..”
Clotilde lo calla repentinamente cuando entra la cocinera al comedor.
“Puedes retirar los platos Maisy. “
La criada levanta los platos uno por uno mientras el matrimonio espera en silencio. Luego pasa un cepillo para recoger las migas de la mesa. Finalmente retira el platito de sal con su cucharita minúscula. El abogado parece querer frenarla para poder seguir gozando del nuevo salero de plata.
“Maisy,” se anima finalmente el abogado, “quizas podría dejarnos el salero, ya que a veces la sal realza el sabor de lo dulce. “
“Ay por favor tesoro,” dice Clotilde. “Llévese el ‘salt dish’ Maisy. Ya sabes querido que no puede permanecer la sal en la mesa después del plato principal. Es simplemente un desliz imperdonable.”
Maisy se retira, con el cepillo barre migas, la palita y el salero en una bandeja.
“Cuestión que me parece un despropósito querido. Un desprósito. Tiene que haber una forma de sacar a Bartleby de tu oficina con elegancia, sin confrontaciones. “
“No lo entenderías Clotilde. El hombre simplemente no esta dispuesto a rendir explicaciones sobre su conducta. Y no voy a ser yo el que lo confronte. Es inútil igualmente. A veces creo que sólo hace lo que le place y no se conforma a lo que se espera de él en Wall Street, en la sociedad… Es de una entereza absoluta. “
“Hablas casi como si lo admiraras a este Bartleby.”
El abogado levanta su copa como en un pequeño tributo y bebe un sorbo más.
Luego de golpe estira el brazo para alcanzar la campanita de su señora. La toca y al aparecer la criada dice “Maisy, me traería el salero nuevo con el pudding de vainilla?”
Al retirarse la criada, la esposa dice “Estas loco?” Ante el silencio de su esposo, repite con voz más severa, “¿Has enloquecido?”
Al llegar su postre, el abogado levanta con exagerado cuidado la cucharita de sal y esparce apenas unos granos de sal sobre el pudding de vainilla.
“Mi madre solía hacer el pudding con una pizca de sal y decía que la sal era lo que realzaba el sabor de la vainilla. En esta casa el pudding es muy soso. Parece un guiso desabrido.”
La esposa lo mira sin disimular su irritación.
El abogado prueba su postre y decide que definitivamente le falta una pizca más de sal a su pudding.
"Esto es un despropósito,” exclama la señora. “Me harías el favor de dejar la sal… Deja ya de poner sal en el postre.”
El abogado prueba nuevamente el postre y vuelve a tomar la cucharita de sal entre sus dedos.
“Puedes dejar la sal?” vociferó la mujer.
Sin mirarla, el abogado contestó con respetuosa lentitud, “Preferiría no hacerlo” y siguió saboreando su postre.

viernes, 14 de octubre de 2011

Leer para escribir: Carver

Trabajo inspirado en Fiebre de Raymond Carver
(Contar una parte del cuento desde el punto de vista de un personaje secundario)

"Lo único que no quiero es que ella tambien se vaya." Sarah habla con una foto que tiene en la mano izquierda. Con la derecha sostiene la linterna
Keith se da vuelta en la cama. "Qué miras Sarah?"
Sarah apaga la linterna y guarda la foto en la costura de atras de su oso Berni.
"Andate a dormir Keith".
"No puedo dormir. Tengo miedo."
Sarah se levanta y va a la cama de Keith .
"Tengo miedo que ella también se vaya."
"La Sra Webster? "
"Si se va la Sra Webster", dice Keith, y no termina la frase.
"Eso es lo que te da miedo?"
"Si, que me voy a despertar un día y voy a bajar la escalera y no va haber nadie. Ni los muebles ni el tocadisco. Que solo quede mi cama en toda la casa y mi ropa. Y el lagarto teddy. Nada mas."
"Vos crees que Papa te va a dejar acá solo?"
"No, no creo pero… la gente grande se tiene que ir. Tiene que hacer cosas. Un día por ahí Papa se tiene que ir también a un trabajo lejos o a un viaje… y quizás tarde mucho en volver y se olvide que yo estaba acá. Por ahí el se va y cree que yo no estoy pero yo si estoy acá, y a la mañana bajo la escalera y no hay nadie. Y me quiero ir a sentar en la mesa de comedor para comer el cerael pero la mesa no esta mas y no hay sillas, nada. "
Sarah se acuesta al lado de Keith.
"Y yo? Yo donde voy a estar?" pregunta Sarah.
"Vos? Vos no sé."
"No te parece que si papa se olvida de vos acá yo le voy a hacer acordar? Le voy a decir, No te olvides de Keith papá. Y papa va a decir Como me voy a olvidar de Keith y va a venir y te va a levantar mientras dormís y te va a llevar con tu lagarto Teddy y con tu almohada de las ardillas? Y cuando te despiertes vamos a estar todos juntos en el zoológico o dandole de comer pan duro a los patos… "
Keith sonrie.
"Te acordas cuando le tiraste a ese pato un pan tan duro y tan grande que se atragantó? y te lo escupió devuelta ? "
Keith se rie.
"Y después le tiramos mil trillones de panes para ver si lo hacía devuelta."
"Y no lo hizo devuelta" ríe Kieth.
"No. pero va a haber que seguir tratando, no? " dice Sarah mirando al techo.
"Bueno dormite nene".
"Ok y vos me haces el rulo de superman? "
Sarah tomó un mechón del flequillo de Keith entre sus dedos y lo dio vuelta armando un rulito en su frente. Lo hizo 23 veces por lo menos como había visto hacer a su mama durante muchas noches antes de irse a dormir.
Cuando Keith se durmió Sarah volvió a su cama
Sacó la linterna de abajo de su almohada y abrió la costura de atras de su oso Berni, y sacó la foto .
"Yo también tengo miedo que se vaya. Pero tengo mas miedo que no vuelva. "
Sarah no había entendido las palabras que dijo la Sra Webster a su papá hoy en el living, pero bastaba con ver la cara de su papa. Otra vez las cosas no estaban bien. Hasta Keith se daba cuenta.
“Viste cuando papá pone la cabeza en las manos?" le dijo Sarah a la foto. "Empezó a hacer eso. Y se toca la frente con los dos dedos del medio. Y hace circulitos con los dedos arriba de los ojos. Viste cuando hace eso?”
Sarah se quedó en silencio mirando la foto, esperando que conteste.
"Después estaba un poco mejor . Despues de hablar con la Sra Webster. Y Keith estaba mejor después de hablar conmigo."
Sara mira más de cerca a la mujer joven de la foto abrazando a una niña de tres años .

- Ya sé que no vas a volver, - susurró Sarah a la foto.
- Si vuelve alguien será mi madre, la que llama a veces por teléfono. ‘Te llama tu madre’ dice la Sra Webster cuando llama ella. Y cuando atiendo me dice 'Hola querida', vos nunca decías querida. Vos me decías Sarah o Peanut. Ella no dice mi nombre. Y cuando lo dice suena distinto. Y hace muchas preguntas. ¿qué van a comer hoy? y como esta Keith? A veces dice algo de cómo hay que cuidarse los dientes que no entiendo. Esa no es la que extraño."

Sarah acerca la foto a su boca.

“Te extraño a vos,” dice Sarah susurrando a la foto. "y vos no vas a volver. "

viernes, 7 de octubre de 2011

Leer para escribir : García Marquez

Trabajo inspirado en el cuento La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada

Durante todo el tiempo que los indios lo tuvieron cautivo, Ulises no logró ponerse de pie ni pronunciar palabra. Sólo balbueceaba “Arídnere, arídnere”. Los indios lo habían tomado de rehén para cobrarse la deuda que aún tenía la Abuela con ellos . La anciana murió debiéndoles casi un mes de servicios. Se repartieron entre ellos lo que quedaba en la carpa, y vendieron todo lo que pudieron. Al más joven, un indio náhua lamado Karakalí, le tocaron sólo los cofres con los huesos de los Amadises que nadie quiso.
Fue el unico que se animó a abrir los cofres ya que los demás indios temían la acecha del espíritu de Amadis el grande. Karakali sacó los huesos y los rompió en pedazos con una piedra. Los indios se alejaron de ese lugar para desentderse de ese sacrilegio. Luego Karakali se propuso venderlos a todos los que venían a preguntar por Erendira. Cientos de hombres de razas y conos diversos se amontonaban afuera de la carpa para saber qué había sido de la jóven. Karakalí les prometía la verdad sobre Eréndira y su paradero, por cincuenta pesos. - Cada día le agregaba más detalles al relato. La abuela de Erendira, contaba Karacali era una bruja de Tonja con poderes asombrosos que le había puesto un maleficio a la niña: para que Eréndira se quedara con ella y la cuidara, la bruja le advirtió que al morirse ella, Erendira se desintegraría y sus huesos se convertirían en polvo instantaneamente. Y así fue, continuaba Karakali frente a los Ojos estupefactos de catreros, soldados, tenderos, chicos y grandes, jovenes y viejos… Cuando el gringo mató a la bruja, continuaba Karakali (porque eso se sabía en todo el desierto), Eréndira intentó huir hacia el mar pero ahí nomás antes de llegar al río sus huesos se hicieron añicos. Lo ultimo que se la escuchó decir fue que ella pasaría la eternidad soplando por la tierra y que daría un aliento de vida a todos los que llevaban uno de sus huesos en el pecho. Y así en acto solemne, Karakali les entregaba un hueso de los Amadises con algun pelo que había quedado por ahi de las marañas de pelos de la abuela. Los hombres se iban embelesados con la memoria de Erendira, besando las reliquias de los huesos de los Amadises y colgandoselos con pelos enveneados de la bruja ballena Blanca.
Ulises encadenado en el cobertizo escuchaba estos relatos una y otra vez y en su estado febril, se le mezclaban con sus recuerdos de ese día en que vió huir a Erendira. Los indios tambien comenzaron a creer la historia.
Cuando vieron que nadie vendría a pagar el rescate de Ulises, los indios pensaron venderlo como esclavo pero en ese estado era inservible. Entonces lo tiraron la desierto para que muriera de sed y soledad.
Ulises abrió los Ojos y miró al cielo llamando con toda la fuerza de su voz interior:
– Arídnere
De pronto escuchó “Ulises”. Se levantó por primera vez desde el día en que mató solo a la Abuela. “Ulises” “Ulises” escuchaba y Caminaba sin parar. El viento se iba haciendo más árido a medida que avanzaban hacia el Norte, y el sol era más bravo con el viento, y costaba trabajo respirar por el calor y el polvo dentro de su boca. Se tiró en la arena como un ahogado, con los brazos en el pecho.
La India de Guajira había sacado el camion de naranjas al holandes y anduvo por el pueblo preguntando por su hijo. Cuando fue a la carpa se encontró con Karakalí que comenzó a relatarle el triste fin de Eréndira, e intentó venderle un hueso, pero ella lo paró en secó.
No vengo a preguntar por la mujer. Quiero saber donde está mi hijo Ulises.
Karakali se apiadó y le contó en qué parte del desierto lo habían dejado pero temía que fuera tarde.
Ella lo buscó en el desierto durante siete dias repitiendo Ulises, Ulises. Luego de pronto paró la camioneta, dio la vuelta y fue derecho hacia el mar. Los que se mueren en el desierto no van al cielo sino al mar, pensó la Guajireña. Cuando lo encontró estaba flotando con los brazos en el pecho .
Empezó a correr la noticia por el pueblo que el gringo que había matado a la bruja ballena Blanca, la que engualichó y esclavizó a la cándida Eréndira durante toda la vida, se estaba velando en su casa en el naranjal, y vinieron de muchos lados a despedirlo y rendirle homenaje. Allí en su catre muchos pusieron los huesos de Erendira que llevaban colgados en el pecho.
Eréndira le dará el soplo de vida - decía un tendero - por haberla salvado de la vieja bruja.
Al noveno día en la madrugada la Guajireña fue a la puerta.
Te hemos estado esperando.
Ella entró, se acostó al lado de él en el catre y le dijo :
– ¿Cómo es que te llamas?
– Ulises.
– Es nombre de gringo –dijo Eréndira.
– No, de navegante

martes, 6 de septiembre de 2011

Leer para escribir ... Rulfo

Trabajo inspirado en “El Hombre” de Juan Rulfo

Tenía pensado no regresar. Salirse por la puerta que daba al cerro y esconderse en el matorral. Envolverse con su vestido gris en la noche y no volver nunca más.
"Me voy lejos,Estanislao; por eso vengo a darle el aviso." El mismo le abrió la puerta para salir.
Dios no le perdonará lo que hizo conmigo, pensaba ella. Lo pagará caro. Y vendrá detras de mi, rastrillando el monte hasta encontrarme y me pedira que regrese.
Casi puedo escucharlo unos pasos atras, cortando las ramas con su machete, Sus pasos firmes en la tierra. Viene diciendo cosas, ensayando las palabras que me dirá. Vuelve mujer. Ya déjate de historias. Pero no volveré.
No era la primera vez que ella amenazaba con irse. Cuando era más joven, le dijo que se metería en el convento de las Arrepentidas. Ella recordó la risa que largó como un trueno. Que yo no era para convento, me dijo. Que me gustaba demasiado el relajo y andar desfajando pantalones. Pero esta vez estaba decidida.
Yo no soy de las que lloran, pensaba ella. No como aquella, la chaparrita, que en la puerta de casa de Estanislao solía soltar el llanto; un chillido que parecía un aullido de coyote. Yo no lloro. Ni siquiera esa madrugada fria cuando lo tuve que tirar. Y no quise decirlo delante de la gente. Pero se lo dije a él, que lo tuve que tirar. Me lo saqué yo misma asi como a un pedazo de grasa de guarro. ¿Y para qué lo iba a querer yo, si su padre no era más que un faldero, un vaquerizo sin remildre? Eso le dije. Dios no le perdonará lo que hizo conmigo, pensaba ella.
Ya la noche había caído y la mujer seguía caminando más lentamente, con paso fatigoso. Cada tanto miraba hacia atras. Hacía silencio y escuchaba con atencion intentando distinguir los pasos de Estanislao entre los ruidos de la noche. Hasta que finalmente, esforzando los oidos, lo escuchó y en ese instante, sintió un ráfaga de calor en su cara. Ella conocía esos pasos, como apoyando todo el peso en los callos de sus talones, y haciendo temblar la tierra misma que pisaba.
El era un hombre robusto. De joven la hundía debajo de su cuerpo, llenaba su orfandad, la enterraba debajo suyo, la sofocaba hasta que no podia respirar, la ahogaba hasta que su cuerpo quedaba sin aire y hacía un espasmo. Ella nunca olvidó esas noches, y cuando alguna vez se las reclamó a Estanislao, él solo respondió que ella ahora estaba vieja. Y que a él le gustaban tiernitas; oír que se les quebraran los guesitos debajo suyo como si fueran cáscaras de maní.
Tengo que seguir caminando, pensaba ella. Cuando me alcance quiero que me encuentre andando con la cabeza en alto, haciendo mi camino. Me implorará pero no le dare el gusto enseguida. Tendrá que hablarme como antes. Tendrá que tomarme del brazo y llevarme a la fuerza. Quizas esta misma noche estaré en su catre. Antes de que la niebla se levante. Quizas estaré otra vez sin aire, sofocada debajo de su pecho.
Las nubes de la noche dormían sobre los arboles. Un vapor gris, sube de la tierra mojada y la marea a la mujer que queda envuelta en un humo apenas visible.
Ahora sí se esta acercando, pensaba ella. Hasta escucho sus palabras. Mujer! Dejate de historias. Muestrate. Ella esperaba quieta como una liebre, lista para ser decubierta, esperando ser devorada. Déjate de miedos. Ya sos vieja como para que nadie se ocupe de ti, ni te haga el favor. Ella comenzó a buscarlo caminando hacia atras sobre sus pasos.
"Estanislao estoy aqui", gritó finalmente en una voz finita, que ella misma no reconocía. Era la voz de una anciana.
El ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. No había más pasos que sacudían la tierra, ni palabras ensayadas por una voz ronca. De pronto ella imaginó la casita en el cerro con un hilo de humo saliendo de la chimenea y Estanislao en su catre esperando la luz del dia con la chaparrita dormida en el hueco de su cuerpo.
Ahora está por salir el sol sobre el rio y la niebla se levanta despacio. La mujer siente el calor del dia que amanece y se mete en el agua que se va enrollando alrededor suyo como una sábana, y la lleva lentamente rio abajo. Y la soledad le pesa y el cansancio la va hundiendo y cierra los ojos y se siente pequeña y joven y su cuerpo tiembla sin aire bajo el cielo de cenizas.
Allá lejos los cerros están todavía en sombras.

martes, 16 de agosto de 2011

Leer para escribir ... Salinger

Inspirado en el cuento “Justo antes de la guerra con los esquimales” de JD Salinger -
Franklin y Eric ven Cocteau

Una figura rubia, se desliza en camara lenta por salones negros con candelabros flotantes. Eric parece estar hipnotizado por esta escena mágica de Belle entrando al castillo de la Bestia. Franklin está sentado a su lado en la oscuridad. Son pocos en la sala del cine Dumont. Eric le ofrece un caramelo de menta de su latita. Se escucha apenas el ruido del proyector por debajo de la musica orquestral que llena la sala.
“Como se llama la actriz?” susurra Franklin.
“Josette Day” dice Eric. “Conmovedora. Es francesa. Cocteau la eligió por su entrenamiento en ballet clasico. ¿viste con qué delicadeza se mueve? Y él es Jean Marais. Hace los dos personajes: Avenant, el prometido de Belle, y la Bestia. Excelente actor. Leí una entrevista en que Cocteau lo elogia por lidiar con una sesión de maquillaje de cinco horas, todos los dias del rodaje, sin quejarse.”
Siempre podías contar con Eric para dar una respuesta larga a una pregunta corta. En especial si se trataba de Jean Cocteau.
Franklin mira a la actriz que se mira al espejo. Tenía facciones perfectas. En algo le recuerda a Joan Maddox. Por el pelo rubio largo… o sería por ese aire de superioridad que tiene. Parece caminar sin tocar el piso. ¿Quién camina asi? Nadie camina asi. Y dice esas palabras que suenan tán excelsas en frances con la voz impostada, mientras pone la mirada fija en un punto del horizonte.
“No me gusta la actriz” dice Franklin. “No es como el resto de los seres humanos que tenemos que mirar adonde pisamos cuando caminamos. No, ella flota mirando a todos desde arriba. Me parece una snob.”
Eric lo mira con desencanto. “Es un angel esta mujer, Franklin. Aparte mirá lo que es el vestuario. ¿Sabés lo que es en esta época conseguir esas telas? Se ve que la tafeta es de la mas exquisita seda natural…” Eric sabía mucho de cosas exquisitas.
“Como podes saber si la tafeta es de seda natural?” dice Franklin arreglandose la venda que tiene en el dedo.
“No te lo toques” dice Eric. “Te lo vas a infectar”.
Mientras Eric le toma la mano para arreglar la benda, se acerca a Franklin y dice “Me gusta como los franceses dicen tafeta.” y susurra jugando “Taftá”. Se ríe. “Pero te gusta, o no Frank? La película? Es divina.”
Franklin extende la mano sobre el brazo de Eric pidiendo otro caramelo.
“Bueno es muy … enigmática” contestó Franklin cuidadosamente. “Y francamente me desconcentra tener que leer rapido los subtítulos antes de que los saquen. “
Franklin lo apreciaba a Eric aunque no creía tener demasiado en común con él. Se conocieron en la fabrica de aviones durante la guerra. Quedaba claro que Eric no tenía ninguna afliccion cardíaca para ser dispensado de combate, ya que hacía un riguroso entrenamiento todos los días y era visiblemente saludable. Y no faltaban los rumores de los muchachos sobre la razón por la que fue concedida la dispensa de Eric. Era evidente y no hacía falta conversarlo. Eric no era de esconder pero había cosas que conservaba en su intimidad.
Eric sabe de memoria varios textos de los personajes en la película, “Belle je suis a la porte de votre chambre.” Lo dice convencido como si estuviera hablando con Josette Day.
Franklin no era como Eric. Eso lo tenía claro. Pero le gustaba estar con él porque Eric lo hacía sentir necesario o importante quizas. Buscado. Y a Franklin le gustaba que lo busquen… y se dejaba buscar. Pero sabía bien que él no era como Eric.
Cuando comenzó la persecución de la bestia, los franceses entran al castillo armados gritando. Eric estaba visiblemente emocionado. “Cocteau tiene una sensibilidad extraordinaria. Leí su Libro Blanco que trata de un niño que crece rodeado de parientes y amigos que no lo dejan ser como es. Pienso que por eso Cocteau eligió esta fabula. Mirá aca donde la bestia está acorralada. Y pensar que él es un hombre sensible e inteligente, como todos. Sólo es una bestia, para la sociedad que lo condena…”
Franklin lo mira a Eric que se frota los ojos con una mano. Está muy conmovido. Franklin le extiende otra vez la mano y Eric le da la latita entera de caramelos de menta. Franklin se pone un caramelo en la boca y guarda la latita en el bolsillo lateral de su chaqueta, pero vuelve a sacarla. La pone, en vez, en el bolsillo de pecho de su camisa celeste.

martes, 2 de agosto de 2011

Leer para escribir ... Gonzalez Tuñón

Inspirado en “Eche veinte centavos en la ranura” de Raul Gonzalez Tuñón


“La artista plastica Mabel Fensteröffner murió el miércoles a la noche en Buenos Aires de una enfermedad respiratoria. Transgresora de las formas establecidas, fue la impulsora del realismo mágico pictórico en nuestro país. Su trayectoria artística fue inicialmente prolífera con obras como “Tosca”, “Saudade” “Wabi Sabi” “Schadenfreude” y “Hygelig”. Estuvo dos décadas en el exilio luego de la muerte de su hijo. De regreso, pasó el ultimo año recluída en su casa de Palermo pintando su última serie titulada 'Por fin una noche estrellada'. Sus restos seran velados en su casa de Pasaje Bollini 2172 “

Camino por Pasaje Bollini. Antes en noches claras como esta, el empedrado brillaba y había mesas en la vereda, y sonaba la campanita de la bicicleta del afilador con el jazz del piano de la Dama del Bollini. Y cada vecino tenía algo unico: una solapa anchisima o un bigote frances, un flequillo largo o una panza gigante que sobresalía como un balcon, desafiando los principios de la ingeniería.

Esta noche en cambio parece la cuadra de Reconquista en microcentro que camino cada mañana y tarde hace casi veinte años. Las transeúntes parecen bancarios, como yo con mi uniforme gris matte. Hay demasiados carteles de no estacionar y palabras ilegibles en aerosol negro en las paredes. Benja diría que murio el “HIGYLIG” de Pasaje Bollini. El “HIGYLIG” era una palabra danesa que Benja usaba para describir un lugar donde el corazon se siente en casa, los besos son largos y el tiempo cura.

Benja era mi mejor amigo. Todas las tardes a la vuelta del colegio, yo corria por Austria bordeando el Hospital Rivadavia hasta Melo, y doblando por Bollini llegaba de un solo envión al timbre colorado de la casa 2172. Mabel abria la puerta y me envolvía en un abrazo de cosquillas: Inesa Traviesa, la archiduqueza, la artista inconfesa, la joven promesa.

La casa de Benja era una fiesta de palabras y colores, No era sólo que las pinturas de Mabel hablaran a cuatro vientos y en cada pared… era que cada vez que las mirabamos, Benja las bautizaba con nuevas palabras contando cada cuadro, relatando miedos, sueños y amores imposibles.

Una tarde, nos tiramos en el piso de frente a un mural gigante para nombrarlo: “Sol fuchsia” dije yo “con pelos grises que quieren cubrir los rayos rubios, y colorados”. Benja fruncía el ceño y miró en silencio hasta dar el veredicto: “WABI SABI”. Wabisabi era una palabra japonesa que habla de encontrar belleza en las imperfeccioens de la vida, y aceptar en paz la vejez como el ciclo natural vital. Pendejo agrandado.

Casi nunca jugabamos en mi casa. Una vez vino. Y me preguntó si era usual que mamá alineara los flecos de la alfombra con un cepillo. Mamá era muy meticulosa. La casa debia representar la definicion de paz de Ciceron, la tranquilidad en el orden. Nada se tocaba.

En lo de Benja era obligatorio tocar todo, meter las manos en la masa y hacer buñuelos con formas de treboles de 4 hojas o ñandues y pintar con los dedos autoretratos en rojo y violeta sobre lienzos y despues escribir nuestras iniciales. Yo ponia las de be Benja: FTL (flacucho traga libros) y él las mias MPP (Mondonga pecosa y parlotera).

Benja sabia muchas palabras, muchas más que yo. Le gustaba coleccionar expresiones en cualquier idioma que contaban una historia en una palabra. Esas palabras llevaban un tesoro escondido. Decían tanto en un solo bocado. Yo hasta hoy siempre he hecho lo opuesto. Contar muy poco en muuuuchas palabras. Según Benja mi especialidad era el “JAYUS”, una palabra indonesa para un chiste tan largo, poco gracioso y mal contado que provoca risa.

Benja era el único que me hacia sentir graciosa. Era mi amigo.

Muchas de las palabras de Benja venian de libros. Los marcaba con papelitos y los ponía en la repisa de la ventana de su cuarto. Cuando yo llegaba nos trepabamos por su ventana a un lugar donde las tejas del techo tenían apenas un reclive y nos acostabamos a mirar al cielo. El me leía todas las palabras nuevas que había descubierto… o frases como “L’APPELLE DU VIDE". Un llamado al vació que explicaba el deseo instinctivo que tenía él de saltar cuando saliamos al techo.

Una tarde, me pidió que me quedara hasta que salieran las estrellas. Nunca vimos juntos las estrellas y ya eramos mas grandes. Me dijo que tenía una palabra muy especial para mi. Pero Benja estaba distinto. Ya nos veíamos menos porque él había entrado en un programa de niños especiales y cuando yo estaba en tercer año de la secundaria, él ya cursaba materias de Filosofia y Letras en la UBA. Una tarde lo ví en la esquina de Gutierrez y Melo con unos tipos mas grandes y no me quiso saludar. No dormia nunca. Tenía siempre los ojos colorados.

"YA’ABURNEE" me dijo. "Es árabe y quiere decir 'entierrame'”. No me gustó. ¿Porqué debía enterrarlo?
“Es una declaracion de amor”, dijo Benja “o de esperanza de que el otro te sobreviva para no tener que vivir nunca sin él. O ella en este caso. “

Pero yo no quería escuchar más palabras.

Los hombres de negro en la entrada de la casa de Mabel reciben al velatorio. Unos galeristas hablan bajito. “Decia que iba a donarlos a una fundacion, pero nadie sabe donde estan. A quien se los va a dejar?”

La sala está iluminada por una luz de neon que hace sombras extrañas debajo de los ojos de los funerarios. Las paredes están grises y vacías con marcas rectangulares donde colgaban los cuadros. De repente me siento vieja y gris como esta casa y me froto las manos heladas. “TORSCHLUSSPANIK” diria Benja. El miedo de que se va cerrando el portón y vamos envejeciendo con cada vez menos chances de hacer eso que fuimos llamados a ser.

“Pobre Mabel”, dice una señora. Creo que es la panadera, pero con pelo blanco y más gorda. ”Una vida desdichada francamente. Sola en esta casa con el gato.”

No habia visto el gato caminando entre las piernas de la gente. Siento una necesidad de abrazar al gato y llevármelo. Se me arrima y me agacho pero sale corriendo para arriba por la escalera. Lo sigo con una urgencia extraña, pasando el atelier de Mabel en el segundo piso. El hall esta vacío con apenas una silla y una mesita con un telefono negro. Pienso que habría sido de los almohadones de colores con flores bordadas. Pienso también porque nunca me animé a llamarla. Sigo al gato hasta el tercer piso. Se para frente a la puerta del cuarto de Benja.

Respiro hondo e intento abrirla. Está trabada como si hubieran puesto un mueble grande y pesado del otro lado.

Me agacho y miro por la ranura de la puerta esperando ver negro. No, hay una explosion de color: Wabi Sabi ! Ahi estaba el sol fuchsia con rayos grises y la del puente que Benja llamó "Saudade" y “Tosca”, la pelirroja sonriente con el corazón llorando y una de dos chicos con ojos purpuras comiendo buñuelos. Esa no la conocia.



…Y otra de Benja y yo acostados en un techo de una casa de muñecas en una noche estrellada. Ahi estaban todas las obras de Mabel susurrando sus palabras angicas. . Y los almohadones de colores en el piso y los discos apilados y los libros en la repisa de la ventana. 25 libros por lo menos con señaladores.
Otra vez manoteo la manija y la puerta abre sin ningun esfuerzo. Entra el gato que salta a la repisa y sale a las tejas del techo. Y yo lo sigo.
“Por fin gordi. Tengo un monton de palabras nuevas para vos.“ Me hablan los ojos púrpuras de Benja.
Y yo que siempre hablo mucho sin decir nada, no digo nada. Sólo descanso al lado de él mirando las estrellas escuchando palabras en la lengua yagana que solo dos personas en Tierra del Fuego aun hablan.
MAMI LAPINA TAPAI la Mirada entre dos personas deseando que el otro inicie algo que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar…