Inspirado en el cuento “Justo antes de la guerra con los esquimales” de JD Salinger -
Franklin y Eric ven Cocteau
Una figura rubia, se desliza en camara lenta por salones negros con candelabros flotantes. Eric parece estar hipnotizado por esta escena mágica de Belle entrando al castillo de la Bestia. Franklin está sentado a su lado en la oscuridad. Son pocos en la sala del cine Dumont. Eric le ofrece un caramelo de menta de su latita. Se escucha apenas el ruido del proyector por debajo de la musica orquestral que llena la sala.
“Como se llama la actriz?” susurra Franklin.
“Josette Day” dice Eric. “Conmovedora. Es francesa. Cocteau la eligió por su entrenamiento en ballet clasico. ¿viste con qué delicadeza se mueve? Y él es Jean Marais. Hace los dos personajes: Avenant, el prometido de Belle, y la Bestia. Excelente actor. Leí una entrevista en que Cocteau lo elogia por lidiar con una sesión de maquillaje de cinco horas, todos los dias del rodaje, sin quejarse.”
Siempre podías contar con Eric para dar una respuesta larga a una pregunta corta. En especial si se trataba de Jean Cocteau.
Franklin mira a la actriz que se mira al espejo. Tenía facciones perfectas. En algo le recuerda a Joan Maddox. Por el pelo rubio largo… o sería por ese aire de superioridad que tiene. Parece caminar sin tocar el piso. ¿Quién camina asi? Nadie camina asi. Y dice esas palabras que suenan tán excelsas en frances con la voz impostada, mientras pone la mirada fija en un punto del horizonte.
“No me gusta la actriz” dice Franklin. “No es como el resto de los seres humanos que tenemos que mirar adonde pisamos cuando caminamos. No, ella flota mirando a todos desde arriba. Me parece una snob.”
Eric lo mira con desencanto. “Es un angel esta mujer, Franklin. Aparte mirá lo que es el vestuario. ¿Sabés lo que es en esta época conseguir esas telas? Se ve que la tafeta es de la mas exquisita seda natural…” Eric sabía mucho de cosas exquisitas.
“Como podes saber si la tafeta es de seda natural?” dice Franklin arreglandose la venda que tiene en el dedo.
“No te lo toques” dice Eric. “Te lo vas a infectar”.
Mientras Eric le toma la mano para arreglar la benda, se acerca a Franklin y dice “Me gusta como los franceses dicen tafeta.” y susurra jugando “Taftá”. Se ríe. “Pero te gusta, o no Frank? La película? Es divina.”
Franklin extende la mano sobre el brazo de Eric pidiendo otro caramelo.
“Bueno es muy … enigmática” contestó Franklin cuidadosamente. “Y francamente me desconcentra tener que leer rapido los subtítulos antes de que los saquen. “
Franklin lo apreciaba a Eric aunque no creía tener demasiado en común con él. Se conocieron en la fabrica de aviones durante la guerra. Quedaba claro que Eric no tenía ninguna afliccion cardíaca para ser dispensado de combate, ya que hacía un riguroso entrenamiento todos los días y era visiblemente saludable. Y no faltaban los rumores de los muchachos sobre la razón por la que fue concedida la dispensa de Eric. Era evidente y no hacía falta conversarlo. Eric no era de esconder pero había cosas que conservaba en su intimidad.
Eric sabe de memoria varios textos de los personajes en la película, “Belle je suis a la porte de votre chambre.” Lo dice convencido como si estuviera hablando con Josette Day.
Franklin no era como Eric. Eso lo tenía claro. Pero le gustaba estar con él porque Eric lo hacía sentir necesario o importante quizas. Buscado. Y a Franklin le gustaba que lo busquen… y se dejaba buscar. Pero sabía bien que él no era como Eric.
Cuando comenzó la persecución de la bestia, los franceses entran al castillo armados gritando. Eric estaba visiblemente emocionado. “Cocteau tiene una sensibilidad extraordinaria. Leí su Libro Blanco que trata de un niño que crece rodeado de parientes y amigos que no lo dejan ser como es. Pienso que por eso Cocteau eligió esta fabula. Mirá aca donde la bestia está acorralada. Y pensar que él es un hombre sensible e inteligente, como todos. Sólo es una bestia, para la sociedad que lo condena…”
Franklin lo mira a Eric que se frota los ojos con una mano. Está muy conmovido. Franklin le extiende otra vez la mano y Eric le da la latita entera de caramelos de menta. Franklin se pone un caramelo en la boca y guarda la latita en el bolsillo lateral de su chaqueta, pero vuelve a sacarla. La pone, en vez, en el bolsillo de pecho de su camisa celeste.