martes, 2 de agosto de 2011

Leer para escribir ... Gonzalez Tuñón

Inspirado en “Eche veinte centavos en la ranura” de Raul Gonzalez Tuñón


“La artista plastica Mabel Fensteröffner murió el miércoles a la noche en Buenos Aires de una enfermedad respiratoria. Transgresora de las formas establecidas, fue la impulsora del realismo mágico pictórico en nuestro país. Su trayectoria artística fue inicialmente prolífera con obras como “Tosca”, “Saudade” “Wabi Sabi” “Schadenfreude” y “Hygelig”. Estuvo dos décadas en el exilio luego de la muerte de su hijo. De regreso, pasó el ultimo año recluída en su casa de Palermo pintando su última serie titulada 'Por fin una noche estrellada'. Sus restos seran velados en su casa de Pasaje Bollini 2172 “

Camino por Pasaje Bollini. Antes en noches claras como esta, el empedrado brillaba y había mesas en la vereda, y sonaba la campanita de la bicicleta del afilador con el jazz del piano de la Dama del Bollini. Y cada vecino tenía algo unico: una solapa anchisima o un bigote frances, un flequillo largo o una panza gigante que sobresalía como un balcon, desafiando los principios de la ingeniería.

Esta noche en cambio parece la cuadra de Reconquista en microcentro que camino cada mañana y tarde hace casi veinte años. Las transeúntes parecen bancarios, como yo con mi uniforme gris matte. Hay demasiados carteles de no estacionar y palabras ilegibles en aerosol negro en las paredes. Benja diría que murio el “HIGYLIG” de Pasaje Bollini. El “HIGYLIG” era una palabra danesa que Benja usaba para describir un lugar donde el corazon se siente en casa, los besos son largos y el tiempo cura.

Benja era mi mejor amigo. Todas las tardes a la vuelta del colegio, yo corria por Austria bordeando el Hospital Rivadavia hasta Melo, y doblando por Bollini llegaba de un solo envión al timbre colorado de la casa 2172. Mabel abria la puerta y me envolvía en un abrazo de cosquillas: Inesa Traviesa, la archiduqueza, la artista inconfesa, la joven promesa.

La casa de Benja era una fiesta de palabras y colores, No era sólo que las pinturas de Mabel hablaran a cuatro vientos y en cada pared… era que cada vez que las mirabamos, Benja las bautizaba con nuevas palabras contando cada cuadro, relatando miedos, sueños y amores imposibles.

Una tarde, nos tiramos en el piso de frente a un mural gigante para nombrarlo: “Sol fuchsia” dije yo “con pelos grises que quieren cubrir los rayos rubios, y colorados”. Benja fruncía el ceño y miró en silencio hasta dar el veredicto: “WABI SABI”. Wabisabi era una palabra japonesa que habla de encontrar belleza en las imperfeccioens de la vida, y aceptar en paz la vejez como el ciclo natural vital. Pendejo agrandado.

Casi nunca jugabamos en mi casa. Una vez vino. Y me preguntó si era usual que mamá alineara los flecos de la alfombra con un cepillo. Mamá era muy meticulosa. La casa debia representar la definicion de paz de Ciceron, la tranquilidad en el orden. Nada se tocaba.

En lo de Benja era obligatorio tocar todo, meter las manos en la masa y hacer buñuelos con formas de treboles de 4 hojas o ñandues y pintar con los dedos autoretratos en rojo y violeta sobre lienzos y despues escribir nuestras iniciales. Yo ponia las de be Benja: FTL (flacucho traga libros) y él las mias MPP (Mondonga pecosa y parlotera).

Benja sabia muchas palabras, muchas más que yo. Le gustaba coleccionar expresiones en cualquier idioma que contaban una historia en una palabra. Esas palabras llevaban un tesoro escondido. Decían tanto en un solo bocado. Yo hasta hoy siempre he hecho lo opuesto. Contar muy poco en muuuuchas palabras. Según Benja mi especialidad era el “JAYUS”, una palabra indonesa para un chiste tan largo, poco gracioso y mal contado que provoca risa.

Benja era el único que me hacia sentir graciosa. Era mi amigo.

Muchas de las palabras de Benja venian de libros. Los marcaba con papelitos y los ponía en la repisa de la ventana de su cuarto. Cuando yo llegaba nos trepabamos por su ventana a un lugar donde las tejas del techo tenían apenas un reclive y nos acostabamos a mirar al cielo. El me leía todas las palabras nuevas que había descubierto… o frases como “L’APPELLE DU VIDE". Un llamado al vació que explicaba el deseo instinctivo que tenía él de saltar cuando saliamos al techo.

Una tarde, me pidió que me quedara hasta que salieran las estrellas. Nunca vimos juntos las estrellas y ya eramos mas grandes. Me dijo que tenía una palabra muy especial para mi. Pero Benja estaba distinto. Ya nos veíamos menos porque él había entrado en un programa de niños especiales y cuando yo estaba en tercer año de la secundaria, él ya cursaba materias de Filosofia y Letras en la UBA. Una tarde lo ví en la esquina de Gutierrez y Melo con unos tipos mas grandes y no me quiso saludar. No dormia nunca. Tenía siempre los ojos colorados.

"YA’ABURNEE" me dijo. "Es árabe y quiere decir 'entierrame'”. No me gustó. ¿Porqué debía enterrarlo?
“Es una declaracion de amor”, dijo Benja “o de esperanza de que el otro te sobreviva para no tener que vivir nunca sin él. O ella en este caso. “

Pero yo no quería escuchar más palabras.

Los hombres de negro en la entrada de la casa de Mabel reciben al velatorio. Unos galeristas hablan bajito. “Decia que iba a donarlos a una fundacion, pero nadie sabe donde estan. A quien se los va a dejar?”

La sala está iluminada por una luz de neon que hace sombras extrañas debajo de los ojos de los funerarios. Las paredes están grises y vacías con marcas rectangulares donde colgaban los cuadros. De repente me siento vieja y gris como esta casa y me froto las manos heladas. “TORSCHLUSSPANIK” diria Benja. El miedo de que se va cerrando el portón y vamos envejeciendo con cada vez menos chances de hacer eso que fuimos llamados a ser.

“Pobre Mabel”, dice una señora. Creo que es la panadera, pero con pelo blanco y más gorda. ”Una vida desdichada francamente. Sola en esta casa con el gato.”

No habia visto el gato caminando entre las piernas de la gente. Siento una necesidad de abrazar al gato y llevármelo. Se me arrima y me agacho pero sale corriendo para arriba por la escalera. Lo sigo con una urgencia extraña, pasando el atelier de Mabel en el segundo piso. El hall esta vacío con apenas una silla y una mesita con un telefono negro. Pienso que habría sido de los almohadones de colores con flores bordadas. Pienso también porque nunca me animé a llamarla. Sigo al gato hasta el tercer piso. Se para frente a la puerta del cuarto de Benja.

Respiro hondo e intento abrirla. Está trabada como si hubieran puesto un mueble grande y pesado del otro lado.

Me agacho y miro por la ranura de la puerta esperando ver negro. No, hay una explosion de color: Wabi Sabi ! Ahi estaba el sol fuchsia con rayos grises y la del puente que Benja llamó "Saudade" y “Tosca”, la pelirroja sonriente con el corazón llorando y una de dos chicos con ojos purpuras comiendo buñuelos. Esa no la conocia.



…Y otra de Benja y yo acostados en un techo de una casa de muñecas en una noche estrellada. Ahi estaban todas las obras de Mabel susurrando sus palabras angicas. . Y los almohadones de colores en el piso y los discos apilados y los libros en la repisa de la ventana. 25 libros por lo menos con señaladores.
Otra vez manoteo la manija y la puerta abre sin ningun esfuerzo. Entra el gato que salta a la repisa y sale a las tejas del techo. Y yo lo sigo.
“Por fin gordi. Tengo un monton de palabras nuevas para vos.“ Me hablan los ojos púrpuras de Benja.
Y yo que siempre hablo mucho sin decir nada, no digo nada. Sólo descanso al lado de él mirando las estrellas escuchando palabras en la lengua yagana que solo dos personas en Tierra del Fuego aun hablan.
MAMI LAPINA TAPAI la Mirada entre dos personas deseando que el otro inicie algo que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar…

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